I
La oscuridad tiembla.
Suenan disparos
cruzando el cielo
(Un cielo negro
sin estrellas
ni sol.
Solo luces apagadas).
Está en mi cabeza
y respira mi aire,
acelera mi vida,
corre por mi sangre.
Lo sé.
Lo sé y duele.
Duele dentro,
debajo de la piel.
Debajo de los huesos.
Y debajo de todo,
en el final,
nunca hay nada.
Solo piel y huesos.
II
Me pierdo en el viento
para no pensar.
Me dejo llevar
por la locura del día a día,
conquistando un poco más
con cada paso
en este baile frenético
que llamamos sobrevivir.
Inútilmente
escribo mi nombre
en un papel quemado,
apagado
por el paso de los años,
con la esperanza
de vivir eternamente.
Pero en el final,
debajo de la piel
debajo de los huesos,
nunca hay nada.
Nunca hay nada y es cruel.
Tan cruel
como la palabra "nada".
III
Lo sé.
Lo sé y duele.
Intentaré arrastrarme
a otros campos de batalla
donde no exista el pasado
ni el dinero
ni el presente.
Olvidaré mi nombre
lleno de derrota,
porque no viviré eternamente
y mi recuerdo desaparecerá,
se perderá en el aire.
Moriré una vez
y mil veces.
Moriré todas las veces del mundo
si al hacerlo
puedo vivir una sola vida.
Y juro que no tendré miedo.
Sentiré el frío del invierno
debajo de mi piel,
debajo de mis huesos.
Estaré esperando
en el final
con la cabeza erguida,
y lucharé desesperadamente
hasta que no quede
ni una sola gota de mi sangre.
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