Lo teníamos tan cerca que casi podíamos tocarlo. ¡Que bueno seria poder tenerlo aunque fuera solo durante un segundo!
Esperamos impacientes para poder sorprenderlo en la oscuridad de la noche, pero nunca dormía. ¡Y que rápido se movía!
Un hombre consiguió rozarlo con la punta de uno de sus dedos. Después, radiante de felicidad, corrió a la playa y se dejó hundir en el mar. Aún debajo del agua sonreía mientras se quedaba poco a poco sin oxígeno.
Me miro directamente a los ojos y yo le suplique que me dejara ir con él. En un idioma que no pude entender me contesto que no necesitaba a nadie para ser feliz, que todo lo que quería lo tenia en la libertad de poder elegir, sin que las consecuencias de sus decisiones o de sus actos pudieran hacer daño a nadie mas que a él.
Después desapareció y nunca mas lo volvimos a ver.
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